Posteado por: pauloarieu en: Septiembre 7, 2008
por Fiona Ortiz
Publicado originalmente en inglés por Agencia Reuters, 8 de noviembre de 2004
Traducción de Felipe Elgueta Frontier
Villa Baviera, CHILE
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Una secta religiosa de inmigrantes alemanes ha roto el silencio tras vivir cuatro décadas de aislamiento durante las cuales el mundo exterior se vio conmovido por escándalos de abuso sexual dentro el grupo, la huída de su misterioso líder e informes acerca de su colaboración con las torturas de prisioneros políticos cometidas por el gobierno militar chileno.
En entrevistas exclusivas, miembros de la comunidad de 280 personas pusieron fin a décadas de silencio público para declararle a Reuters que habían despertado de una larga pesadilla y que, finalmente, habían tomado conciencia de que su divino gurú –un fugitivo sobre el cual pesan cargos por abuso sexual de menores– había destruido sus familias y fomentado el maltrato físico.
La secta llegó aquí en los años 1960, siguiendo a Paul Schaefer, un carismático enfermero del ejército alemán que sirvió durante la Segunda Guerra Mundial y que predicaba una religión sin nombre según la cual la dura disciplina los acercaría al ser supremo. Los miembros de la secta veían a Schaefer como a Dios mismo venido a la tierra.
“Todos lo veíamos como un ser celestial y nadie osaba dudar de él. La gente de aquí estaba enceguecida. Fue un terrible shock descubrir la verdad”, dijo Michael Mueller, de 47 años de edad, miembro del comité de reforma de la comunidad, recientemente electo.
Mueller habló con un periodista de Reuters quien obtuvo un inusual acceso al predio de 13.000 hectáreas, ubicado a unas cuatro horas en auto hacia el sur de Santiago.
La secta apocalíptica se encerró tras una cerca perimetral resguardada con cámaras y detectores de movimiento, e incluso una vez se burlaron de la policía con saludos nazis. Un juez está estudiando los informes que señalan que el grupo le habría proporcionado cámaras de tortura a la policía secreta durante la dictadura militar que gobernó Chile entre 1973 y 1990.
Schaefer vino a Chile huyendo de acusaciones de abuso sexual en Alemania, y en 1961 fundó la Colonia Dignidad, posteriormente rebautizada como Villa Baviera.
Schaefer, quien ahora tendría 81 años y cuyo paradero se desconoce, prohibió la televisión y los teléfonos y tarjó las referencias al amor y al sexo en la Biblia. La secta vivió congelada en el tiempo, entonando canciones folclóricas alemanas y trabajando los campos con el atuendo campesino bávaro de los años 1930.
Los líderes de la secta acogieron favorablemente al régimen militar de Pinochet durante los años 70 y 80, buscando protección ante los críticos que querían disolver lo que consideraban un estado dentro de otro estado.
Schaefer desapareció en 1997, huyendo nuevamente de cargos por abuso sexual de menores, presentados esta vez por las autoridades chilenas después de que unas dos docenas de niños que asistieron a la clínica y escuela gratuitas de la secta denunciaron los abusos.
Muro de negación
A lo largo de los años, los desertores habían informado que la secta separaba a los niños de sus padres al nacer y prohibía el contacto normal entre los miembros de la familia. Los hombres y mujeres jóvenes no podían tener citas.
Pero hasta hace poco, los miembros de la secta defendieron públicamente a Schaefer y a su forma de vida, especialmente la obra benéfica realizada en favor de los niños pobres. Incluso después de la desaparición de Schaefer, sus reglas siguieron en vigencia gracias a ancianos leales a él.
“Nosotros ni siquiera sabíamos qué pensaban los otros miembros de nuestra comunidad”, dijo la esposa de Mueller, Esther Laube, también de 47 años.
La tímida pareja, que se casó en el 2000 luego de que perdiera vigencia la restricción de relaciones impuesta por Schaefer, hablaron durante una cena de carne, papas y encurtidos en un comedor de la comunidad.
Algunos ancianos de la secta han sido acusados de complicidad con Schaefer en un caso de delito sexual contra menores, que está cercano a concluir luego de una investigación judicial de nueve años.
“El juez tendrá que decidir. Probablemente algunos serán absueltos y otros reciban una severa condena. Simplemente tenemos que aceptar eso”, dijo Hernán Escobar, de 37 años, un chileno adoptado por el grupo hace 28 años.
Al ser abordados por un periodista de Reuters a la salida de una audiencia judicial, los miembros de la secta acusados en el caso de abuso se abstuvieron de efectuar declaraciones, al igual que su abogado.
Aun cuando los individuos ahora son libres de irse, Mueller dijo que Villa Baviera quiere permanecer unida.
Un sentido de responsabilidad

La Policía de Investigaciones
encarga la detención de Paul
Schaefer “por el delito de abusos
deshonestos”. Foto: AGPF.de
Él dijo que muchos se sienten responsables por los ancianos, algunos con más de 80 años de edad, quienes no hablan español y tienen poca noción acerca de cómo sobrevivir en el mundo moderno.
Años atrás, el gobierno alemán dejó de pagar las pensiones a los miembros de la colonia, al enterarse de que todo este dinero iba a parar a las manos de Schaefer. Ahora están intentando recuperar sus pensiones persuadiendo a Alemania de que se han reformado.
Recientemente, Villa Baviera permitió el ingreso de funcionarios de la embajada alemana por primera vez en casi 20 años.
Bajo un sistema comunal, los miembros trabajaban duro siete días a la semana, mientras que las ganancias de las actividades agrícolas, forestales y de construcción se destinaban a la lavandería comunal, la alimentación y el alojamiento. El grupo también usó sus fondos para pagar los gastos de la defensa judicial.
Algunos miembros más jóvenes del grupo ya están molestos con esta carga, pero no pueden vender la tierra ni la maquinaria para financiar la defensa porque muchos activos fueron congelados como parte de las investigaciones tributarias en curso, dijo Mueller.
La colonia también enfrenta una dura batalla para conquistar la simpatía de los chilenos que están molestos con su autonomía y su resistencia a los allanamientos policiales a fines de los años 90, cuando los funcionarios buscaban al desaparecido Schaefer.
Aunque Mueller y Laube fueron reticentes a comentar los detalles, Escobar dijo que se acostumbraba usar el castigo físico para reforzar la disciplina. Él también confirmó informes de desertores que señalaban que algunos miembros fueron obligados a tomar drogas para aplacar los deseos sexuales.
“Algunos tienen mucho miedo de pasar sus últimos días en prisión”, dijo otra fuente que ha tenido mucho contacto con Villa Baviera, pero pidió no ser identificada.
Escobar dijo que algunos se están enfrentando a la cruel verdad de que, debido a las reglas contra la intimidad, sacrificaron la etapa fértil de sus vidas en pro de la visión de Schaefer. Su prohibición de los contactos íntimos funcionó tan bien que casi no hubo ningún nacimiento en la colonia durante 25 años.-
Artículos relacionados:
Colonos de Dignidad reniegan de Schaefer en El Mercurio, 10 de noviembre de 2004
El ocaso de Colonia Dignidad en La Nación, 3 de octubre de 2004
Informe sobre sectas en Chile, 2002
Sitio web: http://www.puertachile.cl/frames.htm?http://www.puertachile.cl/articulos/antropocris.htm
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